El ébola en tiempos de twitter

El ébola da miedo, infunde pánico. Y las actuaciones de algunas de nuestras autoridades no ayudan a disiparlo. Ana Mato no aporta confianza. Y el aún consejero de Sanidad de Madrid, menos todavía. Su falta de empatía es asombrosa. Demoledora. Todos de acuerdo, hasta en el PP, pero la pregunta que hay que hacerse es si sólo ellos y nada más que ellos son los que contagian desconfianza y desesperanza. ¿Y los medios tradicionales? ¿Y las redes sociales?

 

La confusión ha sido la previsible. Y también las reacciones de algunos. Ya no vivimos en la sociedad de la información, sino en la del espectáculo y la conversación, donde casi todo se sacrifica en el altar del share y donde no se distingue entre las informaciones y los bulos, entre las noticias y los rumores.

 

Un virus letal y mortal en tiempos de la información instantánea. El caldo de cultivo perfecto para la multiplicación de las intoxicaciones en forma de portadas falsas que circulan por las redes y para que los mismos medios caigan en la histeria perfecta. Una carrera alocada por ver quién pone la foto más íntima de la enferma.

Ya sólo queda que alguien nos diga que hay que regular a los medios de comunicación para que no suelten falsedades.

Pues no. Parémonos a pensar y decidamos quién se está comportando como un medio de comunicación serio y creíble y que contrasta informaciones y quién se ha abonado a la industria de los vendedores de crecepelos y está comprando todas las barbaridades que circulan por las redes.

Ni todos han caído en el amarillismo más barato ni todos se han dejado llevar por la algarabía dispuesta al aguillotinamiento en las plazas del pueblo. Distingamos entre unos y otros. Y así al menos sabremos gracias a esta desgracia quién se dedica en España al periodismo y quién se dedica a otra cosa que recuerda más al pan y circo de los romanos.