LA DESAPARICIÓN DEL “HOMO PERIODICUS”

El apocalipsis de los periódicos vende. Es una industria en sí misma. Cada día, cada hora, cada minuto, alguien teclea en Google las palabras crisis y periodismo y casi que le brota en la pantalla la sangre mezclada con tinta de los caídos en los despidos. El imperio del plomo se desploma y los brujos de la tribu se afanan en vano en buscar las pócimas que remedien la desaparición del homo periodicus.

La discusión sobre el futuro de los periódicos de papel empieza a ser cansina. ¡Y yo qué sé si desaparecerán¡ Sea lo que sea lo que vaya a ocurrir, lo sabremos más pronto que tarde. El cambio ya está aquí y todos lo sabemos. Mientras hablamos y no de internet como si se tratara de un recién nacido, los periódicos de papel, hijos de una industria decimonónica, están siendo devorados a una velocidad vertiginosa por los nuevos medios sociales. Nuestros lectores se han mudado y no quieren volver al ‘hogar’.

No se debería discutir más el cambio. Es imparable. El que lo haga sólo puede ser víctima de su ceguera o de su nostalgia. Lo que se debe discutir es cómo se pueden adaptar las organizaciones periodísticas de papel al nuevo entorno y cómo pueden hacerse sostenibles en un mundo en el que sólo sobreviven los más ágiles y flexibles.

Las fortalezas de los periódicos en papel tienen fecha de caducidad, pero lo que no tiene porqué acabar es el papel central de estas organizaciones en el debate público. Cambia el soporte, pero no el espíritu. El contenido sigue siendo el macho alfa de la manada, pero el modo en el que se distribuye es distinto. Las pantallas mandan, pero queda por ver quién va a mandar en las pantallas.

Los periodistas no lo podemos ver como un cáncer irremediable que ha hecho metástasis en el cuerpo de la profesión. Se acabó el tiempo de las plañideras. El mundo no se va a parar porque nosotros añoremos una forma de trabajar que agoniza. Toca actuar y toca adaptarse antes de que nos adapten a la fuerza. El homo periodicus tal vez desaparezca, pero los periodistas no. Ténedlo claro.

JUAN CARLOS BLANCO

 

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