El storycrolling: nuevos modos de comunicación

El Centro Europeo de Periodismo ha mencionado el proyecto multimedia “Derribando el muro digital” publicado por El Periódico como ejemplo de innovación periodística.

Este caso, no hace sino confirmar las múltiples posibilidades que las nuevas tecnologías ofrecen al  mundo de la comunicación, en contra de lo que muchos creyeron en un principio. Es tiempo de nuevos soportes, de nuevas tendencias, de nuevas formas de manejar el mensaje y las herramientas. Todo depende de hasta dónde llegue la imaginación, el conocimiento de las herramientas y la capacidad de la comunicación.

Os dejamos el enlace en el que El Periódico cuenta la noticia y explica en qué consiste el novedoso formato del “storycrolling”.

Elena Barrios

 

Mario Tascón, sobre el nuevo periodismo digital: el reto es la inmediatez y el móvil

¿Es el periodismo digital un reto o el único futuro que espera a los periodistas? Ahora que el modelo económico del periodismo está cambiando, ¿cuáles son los modelos de negocio rentables que podrían triunfar? ¿Tiene algún sentido ser un periodista analógico hoy en día? Todas estas preguntas y muchas más, son respondidas por la sabiduría y experiencia del que fuera fundador de uno de los primeros  diarios digitales, Mario Tascón. Además pasó por la dirección adjunta de El Mundo y la dirección del área digital del grupo Prisa. Entrevistado por el medio que él mismo fundara, analiza en ella la situación actual del mundo del periodismo, sumido en un profundo proceso de cambio. Reproducimos a continuación íntegra la entrevista: seguro que te interesa ;-)

¿Cómo ha sido la evolución de los medios en su  adaptación a la revolución digital?

Era difícil prever lo que pasaría, pero los medios, en general,  han ido con cierto retraso, incluso de años,  respecto a la sociedad y a las empresas tecnológicas. Es lógico que hayan evolucionado, pero lo han hecho con cierto retraso que no sólo ha afectado a los medios sino también a los periodistas. Por ejemplo, cuando las redes sociales empezaron a funcionar, los medios reaccionaron con dos años de retraso.

La crisis periodística afecta, entre otras cosas, al modelo de negocio ¿Se percibe ya alguno que sirva de guía?

Hay fórmulas que ya llevan tiempo funcionando, pero cuando la gente se pregunta sobre el modelo de negocio, quiere saber cuándo se va a clonar el modelo de negocio que hemos conocido siempre, es decir, con el cincuenta por ciento de ingresos de la publicidad y el otro cincuenta de las ventas del periódico. Pero ya hay quien está demostrando que el modelo de negocio ahora es otro, por ejemplo, las redes sociales, que las hay muy rentables. Hay empresas de publicidad en internet con muchos beneficios y en el caso de los medios de comunicación, hay quien ha evolucionado, como Bloomberg, que vende las noticias carísimas, o en España El Confidencial, que da trabajo a más de sesenta periodistas y es rentable. Una estructura, como la de El País, en su momento, con cerca de mil periodistas, no ocurrirá. Sin embargo, estamos asistiendo a una eclosión de medios digitales como InfoLibre, Diario.es, República, El Confidencial…  que  están haciendo cosas muy interesantes. Tenemos que ser conscientes de que el mercado ha variado y hay cosas que ya no tienen sentido. Cada vez tenemos más acceso a lo que ocurre en directo. La cantidad de medios que atienden la información de manera inmediata es cada vez mayor, por eso  los medios y los  periodistas se tienen que reubicar. Se trata de saber cómo aportas algo en un maremágnum que ha cambiado.

¿Cuáles son los nuevos retos del periodismo digital?

Sin duda, uno de los más visibles ahora mismo es  la información a través del móvil. Más del cincuenta por ciento del acceso a la información se produce a través del móvil y nuestros medios no están preparados ni en su estructura ni en la narrativa. De ahí, que uno de los principales retos sean hacer información para los móviles, escribirla de manera correcta y componerla con los elementos multimedia adecuados. Otro de los retos tiene que ver con la agenda informativa, en parte porque hemos dejado de investigar. Nos arrastra la agenda que marca la sociedad  y su inmediatez, ya no leemos un periódico en el desayuno para ver las últimas noticias, lo hacemos con Twitter. Y la jerarquía está marcada no solo por los periódicos, sino también por las teles o por el que pasaba por allí. Otro reto es marcar la propia agenda. Manejar mejor las audiencias es otro de los desafíos digitales. Ahora tenemos herramientas  muy buenas para conocer mejor la demanda y manejar eso con cuidado, saber qué les interesa más, ver qué consumen, de qué manera y hacer otro tipo de medio a tu  gusto pero teniendo en la cabeza lo que hace el lector. Y añadiría, por supuesto, el hacer de un medio un negocio sostenible de manera digna e independiente. Por eso triunfa ahora lo amateur porque a veces es más fiable que alguien que no depende de un grupo mediático que cotice en bolsa,  haga un análisis de producto y opine lo que piensa.

¿Qué papel juega una red como Twitter en la comunicación?

Twitter es el medio que te ofrece la comunicación más pura, porque ha desaparecido toda la intermediación y obliga a ser preciso y conciso. Es una máquina de aprender a titular. Ahora TW se está colocando entre las élites de las sociedades como uno de los elementos de comunicación más básicos y más influyente, incluso más que Facebook. Todos los políticos, los periodistas y los famosos  están en Twitter y la gente  comunica por Twitter. De hecho, los propios medios nos hacemos eco de Twitter…”la Casa Real ha dicho no sé qué…ha muerto fulano…”  Me parece una comunicación muy básica, muy pura, muy textual, sin alharacas ni ruido alrededor, es puro texto breve.

Entonces,¿ tiene sentido el ‘periodista analógico’, es decir, el que vive al margen del mundo digital?

En general, tiene poco sentido salvo excepciones. Si ese periodista fuera García Márquez no me importaría que no tuviera Twitter, ni Facebook, y como si quiere escribir un artículo cada tres meses. La única cuestión es que hay que asumir que no todos somos García Márquez y que el interés que nuestros textos puedan despertar en los lectores puede ser algo menor, hay que ser humildes y a partir de esa humildad, reconstruirnos. Un mínimo de manejo de las tecnologías hay que tener, pero no ya para ser periodistas, sino como personas. Hace poco se cumplieron los veinte años de la matanza de Puerto Hurraco, que cubrí como periodista para El Mundo, en unas  condiciones que eran las de la época, sin móviles, montando un laboratorio de revelado fotográfico en el baño de un hotel con cinta adhesiva en la ventana para que no entrara luz, y un transmisor de fotografía enorme que nos permitía enviar una fotografía cada media hora. Eso, si la conferencia telefónica no te daba problemas. Y todo ese trabajo que supuso hace veinte años cubrir aquella información, lo podría haber hecho hoy con mi móvil. Hacer las fotografías, escribir el texto, grabar vídeos… aunque no soy partidario del “periodista total”, sí creo que hay que saber hacer algo más que solo escribir. Hoy en día el periodista tiene herramientas  suficientes para ello. Es una reflexión que  habría que hacerse todo aquel  que todavía se resiste a trabajar digitalmente. Incluso las redes sociales son un elemento excepcional como fuente a la que acudir cuando ya no tienes ningún teléfono al que llamar o buscas  alguna duda que resolver. Si aquí nos quedamos solo con las quejas sobre el trabajo que nos han quitado las redes sociales a los periodistas no avanzaremos,  pero se trata de saber utilizar los medios a tu alcance para hacer mejor tu trabajo.

¿Cuáles son los errores que seguimos cometiendo los periodistas en esta adaptación a lo digital?

Uno fundamental es la actitud. Cuanto antes aceptemos que nuestra vida ha cambiado, mejor. No sirven las quejas, y cuanto antes empecemos a preocuparnos de lo que podemos hacer y no de lo que estamos dejando de hacer, también mejor. Si yo tuviera ahora 20 años, estaría como loco descubriendo tantos caminos por desarrollar y las posibilidades  que tenemos ahora con la tecnología. Tenemos que preocuparnos de cómo hacer el futuro, de construirlo y no tenerle miedo. Y llevamos demasiado tiempo pensando en lo que estamos perdiendo, no en lo que podríamos estar ganando. Y quien así lo está haciendo, le va bien. Ahí está el ejemplo de la revista  en papel  Yorokobu, que es una revista mensual de tendencias hecha por unos chicos que se independizaron de sus trabajos y les va muy bien, porque además hay gente que ahora les llama para que les diseñen otras revistas bajo el modelo de la suya. Ellos se han reinventado y en papel. Claro, no son la redacción de  Vogue, con 25 personas que tuvo en su momento, pero sí pueden vivir de ella unas ocho personas y “chapeau”, se han sabido rehacer.

La historia interminable

El libro electrónico se hace hueco entre la multitud. Las bibliotecas públicas de algunas Comunidades autónomas comienzan a dar el salto y ofrecen catálogos digitales financiados por el Ministerio de Cultura. Ahí van algunos números: mientras que las ventas de libros en papel descendieron un 13% en 2013, las ediciones digitales aumentaron un 2%. De media, diariamente en España se registran 245 nuevos títulos, 57 de ellos digitales (ebooks). Los índices generales de lectura van mejorando y, según datos oficiales, nos encontramos entre los 20 países con mayor número de horas dedicada al libro.

No obstante, asistimos hoy a la triste devaluación de la letra disfrutada y saboreada, a la inexplicable dejadez de la literatura escrita y viva, para dar paso a los envoltorios con diseños espectaculares, a la venta de libros por su continente. Pero el contenido sigue ahí, entre las páginas de cientos y cientos de publicaciones que duermen el sueño de los justos, aislado en las estanterías del librero.

La educación en la lectura debe provocar a los más pequeños, en las mismas aulas, un instinto básico movido por la ansiedad de creer en lo que existe e imaginar en lo que no existe, de navegar en lo imposible, de bucear en las historias de otros que son y serán las suyas. En definitiva, fomentar la insolente y arriesgada incursión del lector en la imaginación ajena. Así, sin más complicación.

Nada supera a una historia bien contada, nada supera al personaje irreal, porque la literatura es improvisación y creación. Sólo los sueños nos agradan tanto como los buenos libros, ya que ambos se mueven libres por esa imaginación que permite ver, oír y en ocasiones tocar lo sentido y el resto por sentir. Desde esta tribuna semanal demando la necesidad de escribir, reclamo el compromiso con la literatura y su contenido, porque es soporte mágico de fantasía y realidad, cargada siempre de autor y de experiencia. Cada libro es distinto, cada autor es diferente; unos cuentan historias para vivir y otros viven historias para contar.

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