LA DESAPARICIÓN DEL “HOMO PERIODICUS”

El apocalipsis de los periódicos vende. Es una industria en sí misma. Cada día, cada hora, cada minuto, alguien teclea en Google las palabras crisis y periodismo y casi que le brota en la pantalla la sangre mezclada con tinta de los caídos en los despidos. El imperio del plomo se desploma y los brujos de la tribu se afanan en vano en buscar las pócimas que remedien la desaparición del homo periodicus.

La discusión sobre el futuro de los periódicos de papel empieza a ser cansina. ¡Y yo qué sé si desaparecerán¡ Sea lo que sea lo que vaya a ocurrir, lo sabremos más pronto que tarde. El cambio ya está aquí y todos lo sabemos. Mientras hablamos y no de internet como si se tratara de un recién nacido, los periódicos de papel, hijos de una industria decimonónica, están siendo devorados a una velocidad vertiginosa por los nuevos medios sociales. Nuestros lectores se han mudado y no quieren volver al ‘hogar’.

No se debería discutir más el cambio. Es imparable. El que lo haga sólo puede ser víctima de su ceguera o de su nostalgia. Lo que se debe discutir es cómo se pueden adaptar las organizaciones periodísticas de papel al nuevo entorno y cómo pueden hacerse sostenibles en un mundo en el que sólo sobreviven los más ágiles y flexibles.

Las fortalezas de los periódicos en papel tienen fecha de caducidad, pero lo que no tiene porqué acabar es el papel central de estas organizaciones en el debate público. Cambia el soporte, pero no el espíritu. El contenido sigue siendo el macho alfa de la manada, pero el modo en el que se distribuye es distinto. Las pantallas mandan, pero queda por ver quién va a mandar en las pantallas.

Los periodistas no lo podemos ver como un cáncer irremediable que ha hecho metástasis en el cuerpo de la profesión. Se acabó el tiempo de las plañideras. El mundo no se va a parar porque nosotros añoremos una forma de trabajar que agoniza. Toca actuar y toca adaptarse antes de que nos adapten a la fuerza. El homo periodicus tal vez desaparezca, pero los periodistas no. Ténedlo claro.

JUAN CARLOS BLANCO

 

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El periodismo del siglo XXI

El periodista del siglo XXI debe conocer las claves del nuevo contenido informativo en todos los soportes y las técnicas de mediación en el debate social.

El día a día nos deja un sinfín de reflexiones en 140 caracteres. La tecnología digital ha transformado los modos de escritura, la forma de contar las historias, la manera de sentir. Una imagen sustituye a toda una frase, porque un “te quiero” ya no es un pronombre personal unido a un verbo, sino una “t” con un gran corazón rojo a su lado. Y así, todo un párrafo gráfico cargado de contenido multicolor. Y es cierto, cuesta mucho menos ver que leer.

Algunos nostálgicos de las cartas kilométricas en papel transparente dicen que hoy se escribe menos, pero no es verdad. Lo contamos todo a través de nuestros dispositivos móviles con palabras degolladas y heridas casi de muerte, pero con profundidad y tono, con mensajes letales, breves y fulminantes. El lenguaje digital se ha convertido en un virus que se extiende sin control por todos los países del mundo, sin fronteras y a una velocidad inalcanzable.

Los nuevos signos lingüísticos han invadido todas las formas y géneros literarios en un esquematransformado en el que el receptor y el emisor son el mismo, sobre todo en la comunicación periodística. Ya no es uno el que cuenta y otros escuchan; todos cuentan y todos responden con más datos a una información que ya es universal. Por otro lado, y durante los últimos años, el texto se ha apartado para dejar paso a la infografía y a las imágenes, que explican la actualidad de una forma más directa, visual y cómoda para el consumidor.

Los distintos medios (radio, televisión y prensa), tan suyos, particulares y diferentes hasta mediados de la década de los 90, se han unificado en Internet convirtiéndose en un gran soporte audio-visual-textual con un lenguaje múltiple y mixto que facilita la interactuación con el receptor, convirtiéndole -como digo- en el emisor que crea y difunde. La prensa se escucha, la radio se ve y la TV se lee. La noticia ha perdido entidad y, lejos de ser más objetiva, adquiere cada día un carácter súper-subjetivo que precisa de análisis e interpretación. Vivimos en la era de la opinión.

Los próximos años nos traerán más revolución, más innovación, más emoticonos y más aplicaciones para una sociedad adulta que combate el estrés y la ansiedad con la compañía alegre de internet; un mundo alternativo y lleno de redes, alegría, felicidad e imágenes que interconectan sentimientos reales e imaginarios.

FERNANDO ARNAIZ