El periodismo del siglo XXI

El periodista del siglo XXI debe conocer las claves del nuevo contenido informativo en todos los soportes y las técnicas de mediación en el debate social.

El día a día nos deja un sinfín de reflexiones en 140 caracteres. La tecnología digital ha transformado los modos de escritura, la forma de contar las historias, la manera de sentir. Una imagen sustituye a toda una frase, porque un “te quiero” ya no es un pronombre personal unido a un verbo, sino una “t” con un gran corazón rojo a su lado. Y así, todo un párrafo gráfico cargado de contenido multicolor. Y es cierto, cuesta mucho menos ver que leer.

Algunos nostálgicos de las cartas kilométricas en papel transparente dicen que hoy se escribe menos, pero no es verdad. Lo contamos todo a través de nuestros dispositivos móviles con palabras degolladas y heridas casi de muerte, pero con profundidad y tono, con mensajes letales, breves y fulminantes. El lenguaje digital se ha convertido en un virus que se extiende sin control por todos los países del mundo, sin fronteras y a una velocidad inalcanzable.

Los nuevos signos lingüísticos han invadido todas las formas y géneros literarios en un esquematransformado en el que el receptor y el emisor son el mismo, sobre todo en la comunicación periodística. Ya no es uno el que cuenta y otros escuchan; todos cuentan y todos responden con más datos a una información que ya es universal. Por otro lado, y durante los últimos años, el texto se ha apartado para dejar paso a la infografía y a las imágenes, que explican la actualidad de una forma más directa, visual y cómoda para el consumidor.

Los distintos medios (radio, televisión y prensa), tan suyos, particulares y diferentes hasta mediados de la década de los 90, se han unificado en Internet convirtiéndose en un gran soporte audio-visual-textual con un lenguaje múltiple y mixto que facilita la interactuación con el receptor, convirtiéndole -como digo- en el emisor que crea y difunde. La prensa se escucha, la radio se ve y la TV se lee. La noticia ha perdido entidad y, lejos de ser más objetiva, adquiere cada día un carácter súper-subjetivo que precisa de análisis e interpretación. Vivimos en la era de la opinión.

Los próximos años nos traerán más revolución, más innovación, más emoticonos y más aplicaciones para una sociedad adulta que combate el estrés y la ansiedad con la compañía alegre de internet; un mundo alternativo y lleno de redes, alegría, felicidad e imágenes que interconectan sentimientos reales e imaginarios.

FERNANDO ARNAIZ